Argentina

Buenos Aires:

Descubramos el Jardín Japonés en barrio Palermo

Por Cristina Retta
¿Quién no ha oído hablar de Buenos Aires en cuanto a sus grandezas como ciudad? Una urbe más que cosmopolita, que capta la atención no sólo del viajero sino también del lector de revistas o del espectador de cine y televisión. Es tan diversa, que cada rincón de esta fascinante ciudad puede ser objeto de una larga reflexión o del juego de creatividad de un fotógrafo o cineasta. Quizás uno de los aspectos más mencionados en cuanto a esta capital es el relacionado a su constitución demográfica, que conoce migraciones de casi todas partes del orbe. Hoy proponemos hablar de un rinconcito encantado, que hemos visitado a fines de marzo pasado y que nos ha cautivado. Se trata del Jardín Japonés en el barrio Palermo. Justamente este sitio habla claramente de la presencia nipona en el Río de la Plata.

Cómo llegamos?

En nuestro caso, habíamos visitado durante algunas horas el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA), sobre la Av. Figueroa Alcorta, lindero con la Plaza República del Perú, y aquella tarde soleada de inicios de otoño, invitaba al sosiego. Queríamos descansar de la visita anterior y reflexionar sobre lo visto hasta entonces.

Así que, caminando por la amplia y elegante avenida, desembocamos casi sin darnos cuenta en el Jardín Japonés. Decidimos entrar: fue toda una revelación. La armonía, el equilibrio y la paz dominan el amplio complejo que se despliega en el área que antes ocupara el Parque 3 de Febrero.

Dentro del Jardín

Para acceder hay que pagar entrada. El dinero recaudado está destinado al mantenimiento del Complejo Cultural Ambiental Jardín Japonés, a cargo de la Fundación Cultural argentino-nipona.

Debajo de la fronda de majestuosos árboles, varios bancos invitaban al reposo y nos dispusimos a leer material que traíamos sobre el lugar. El jardín fue inaugurado el 15 de mayo de 1967 por la colectividad japonesa bonaerense, en ocasión de la visita del Príncipe heredero Akihito y su esposa Michiko, actuales emperadores de Japón. Diez años más tarde, una segunda inauguración, dejó asentados en el complejo otros elementos arquitectónicos nipones que mejoraban aún más el Jardín.

Nuestro recorrido por los coloridos senderos nos acercó a un Centro de Actividades Culturales, donde con periodicidad se realizan diversas muestras de arte y cultura. También hay un Restaurante donde poder degustar especialidades culinarias japonesas con una vista al jardín que induce a la calma y al bien estar, en especial el sector “ Nihonma ” (estilo típico japonés) del mismo. Por supuesto, al caer la noche, este ambiente acentúa sus notas más típicas y se hace ideal para compartir en pareja.

También dentro del complejo hay un Vivero, en el que se cultivan y venden principalmente bonsáis, junto a otras variedades de plantas. A su vez, siguiendo el recorrido, los estanques o lagos donde abundan los peces “carpas” de colorido variado, muestran también diversas especies botánicas japonesas y algunas autóctonas, integradas perfectamente en lo artístico de este paisaje.

Conectando diferentes partes del enjardinado, existen dos puentes sobre las zonas acuosas, que en sí tienen un carácter simbólico. Uno es de forma bien curvada y es difícil de atravesar, es el llamado Puente de dios y representa el camino al paraíso. Hay otro, llamado Puente Truncado que conduce al islote de los remedios milagrosos.

Para quien desee conservar algún recuerdo más allá de las fotos que puedan tomarse, existe una tienda de souvenirs , donde comprar desde abanicos a pañuelos de seda o tacitas de porcelana con los típicos estampados japoneses. Lo que nos llamó más la atención en este punto, es una suerte de oráculo, escrito con caracteres japoneses sobre papel de arroz, que puede extraerse al azar, a través de un número y que luego de interpretado es colgado a la salida de la boutique en hileras horizontales.

Las horas pasan sin darnos cuenta en este clima de paz y serenidad donde flora, agua, rocas, luces, sombras, sonidos, crean un ambiente que nos transporta a las lejanas tierras de este país de Extremo Oriente, aún en una zona urbana céntrica bonaerense.

Datos de historia

Para entender cómo llegó a concebirse este enclave y su por qué, es adecuado mencionar datos de la migración japonesa a la Argentina. Ésta ocurrió en su primer empuje, hacia 1908, con emigrantes provenientes sobre todo de Okinawa y Kagoshima en primer lugar, y luego de Hokkakido, Kumamoto, Hiroshima, Akita y otros. Las razones de esta emigración son derivadas de la guerra Ruso-japonesa de 1905, y del clima de inseguridad que se instaló como preludio de la Primera Guerra Mundial.

Después entre 1960 y 1970 hubo otro empuje migratorio que trajo a cientos de japoneses a la Argentina, buscando oportunidades económicas en la agricultura. Las actividades principales de desempeño de esta población fueron las agrícolas, en especial floricultura y la tintorería (lavado y planchado de prendas de vestir), aunque también algunos se volcaron hacia otras actividades como el comercio, por ejemplo.

En la provincia de Misiones vive una de las comunidades japonesas más grandes de la Argentina. Aunque no hay estadísticas exactas, se estima entre 45.000 y 50.000 el número de personas japonesas en la República Argentina, según datos de prensa de la última década.


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